image Emilia Boneva image La voluntad.

Keep calm y no olvides la música.

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Cuando llegan las vacaciones me inundan dos sensaciones: por un lado mi negativa a aceptar que me las merezco y por otro, el agobio por hacer la maleta.

Creo que es ese tipo de secuelas que me dejó la rítmica y de las que me resulta imposible desprenderme.

Necesito estar agotada física y mentalmente para aceptar que me merezco un descanso. Al finalizar un europeo, un mundial y, por supuesto, unos JJOO sólo el hecho de saber que a la mañana siguiente no tendría que soportar presión alguna y que mi cuerpo podría jubilarse por unos días me daba una satisfacción tremenda. Sentía que merecía ese descanso.

Mi vida actual no está alejada del estrés y el agobio que intento controlar y gestionar, pero es difícil que me llegue a colocar en una situación como era finalizar esos últimos 90 segundos después de 4 años de trabajo. Hoy es el día que tengo que creer que aún no teniendo tanto esfuerzo en juego me merezco dar algún barrigazo en la playa.

Y qué decir del momento de hacer la maleta. Cuando era gimnasta tenía claro lo que tenía que introducir en ella y, además, por orden de prioridades. Sobre todo lo que iba a llevar en la maleta de mano y que por nada del mundo facturaría. Aparatos, maillots, punteras, todo lo relacionado con el pelo menos el bote de laca, pinturas… pero lo primero que ponía sobre mi cama eran las músicas. No hace tantos años llevaba hasta tres juegos de músicas: uno para los entrenamientos, otro para la competición y el tercero por si la cinta del casette se quedaba enganchada. Sí, habéis leído bien: cinta de casette. Recuerdo lo profesional que me sentí el día que mecanografié mi nombre completo, las letras del país, el tiempo y el aparato del que era la música en el canto de la cinta. Después pasamos a los CDs y ahora incluso viajáis con las músicas metidas en un pen-drive. Ropa interior, ropa de entrenamiento, chandal de entrenamiento y competición, un pijama, y un vestido para la fiesta de clausura. Con el vestido era en lo único que me atascaba, pero era muy fácil hacer la maleta de gimnasta.

Aunque sigo reservando un espacio para unas zapatillas y ropa deportiva aún me resulta extraño ver tacones y ropa de calle predominando en mi maleta.

Foto Alberto López Palacios.